Los autos eléctricos e híbridos —junto a otras alternativas de transporte más eficientes— han comenzado a posicionarse como una solución atractiva frente al constante aumento en el precio de las bencinas. La promesa es clara: menor gasto en combustible y un alivio para el bolsillo. Sin embargo, surge la pregunta clave: ¿qué tan interesados están realmente los consumidores chilenos en adoptar estas tecnologías?
Las cifras más recientes reflejan un escenario de crecimiento, pero aún lejos de consolidarse. Durante febrero se comercializaron 22.318 vehículos en el país, de los cuales solo 6.017 correspondieron a unidades de cero y bajas emisiones. Si bien este segmento registró un alza del 60% en comparación con el mismo mes de 2025, su participación sigue siendo limitada.
Según datos de la Asociación Nacional Automotriz de Chile, Chile aún se encuentra en una etapa de adopción temprana en electromovilidad. De hecho, la suma de todas las tecnologías electrificadas no alcanza el 15% del mercado total, lo que evidencia que la transición energética en el transporte avanza, pero a un ritmo moderado.
Preferencias que aún miran al combustible tradicional
A pesar del auge de las nuevas tecnologías, los vehículos más vendidos en Chile continúan siendo camionetas y SUV, segmentos asociados a un mayor consumo de combustible. Esto refleja que, por ahora, la preferencia del consumidor sigue inclinándose hacia opciones tradicionales.
Dentro de las alternativas electrificadas, los modelos no enchufables —como los microhíbridos y los híbridos convencionales— lideran las ventas. Solo en febrero, se matricularon 2.219 unidades de este tipo, alcanzando 4.379 en lo que va del año.
Los microhíbridos, en particular, se consolidaron como la categoría más popular dentro de las nuevas energías, representando el 46% del total del segmento. Su éxito radica en una oferta más amplia y en su funcionamiento: incorporan asistencia eléctrica en momentos específicos de la conducción, lo que permite mejorar la eficiencia sin depender de carga externa.
Por otro lado, los vehículos enchufables —que incluyen eléctricos puros e híbridos plug-in— acumularon 1.638 unidades a febrero de 2026. Aunque este grupo creció más de un 150%, su presencia en el mercado sigue siendo marginal.
Actualmente, la combustión tradicional domina ampliamente el escenario automotriz nacional, representando el 87,4% de las ventas, mientras que las nuevas energías alcanzan una penetración de apenas 12,6%.
Transporte pesado: una transición aún más lenta
Si en los vehículos livianos la adopción es gradual, en el transporte pesado el avance es aún más limitado. En el caso de los camiones, la presencia de unidades eléctricas en Chile es prácticamente inexistente, pese al alto costo del diésel, que bordea los $580 por litro.
En contraste, el segmento de buses muestra señales más concretas de electrificación. Durante febrero de 2026 se comercializaron 57 unidades, alcanzando un total de 160 en el año. Gran parte de estas incorporaciones responde a la renovación de flotas del sistema de transporte público RED en Santiago, además de iniciativas en algunas regiones.
En cuanto a camiones electrificados, se vendieron solo 10 unidades en febrero, con un acumulado de 15 en lo que va del año. La industria reconoce que se trata de un mercado en fase inicial, aunque ya existen señales de interés por parte de empresas que buscan reducir emisiones y optimizar costos operacionales a mediano plazo.
Incentivos: avances, pero aún insuficientes
El impulso a la electromovilidad también depende de políticas públicas y beneficios tributarios. Actualmente, los vehículos enchufables cuentan con una rebaja en el permiso de circulación, pagando solo el 25% hasta el 31 de enero de 2027. En contraste, los híbridos no enchufables deben cancelar el monto completo.
Los autos eléctricos, por su parte, están exentos del impuesto verde, aunque siguen afectos al régimen general de IVA.
Si bien estos incentivos representan un avance, aún son considerados insuficientes para acelerar una adopción masiva. El desafío, tanto para el sector público como privado, será fortalecer estas medidas y generar condiciones que faciliten el acceso a tecnologías más limpias.